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jueves, 1 de septiembre de 2011

Entrevista a Sebastián Basualdo



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Entrevista a Sebastián Basualdo

Entrevistamos a Sebastián Basualdo, autor de la novela Cuando te vi caer y de Fiel, su más reciente libro de relatos. Ambos editados por Bajo la Luna.Además Sebastián tiene un blogmuy interesante donde publica otras cosas que escribe. 

¿Qué libros leíste últimamente? ¿Cuáles recomendarías a nuestros lectores?
Hace muy poquitos días terminé de leer las obras completas deWolfgang Borchert. Claro, te digo obras completas y pensarás en un grandilocuente tomo o quizá más; pero no, fijate que las obras completas de este escritor apenas supera las trescientas cincuenta páginas, mucho teniendo en cuenta que vivió apenas veintiséis años. En 1940 fue detenido por la Gestapo acusado de haber escrito poemas subversivos. Tiene uno de los cuentos más perfectos y hermosos que se hayan escrito en lengua alemana “El reloj de cocina”. En cuanto a las recomendaciones, se están reeditando las obras de Jhon Berger, así que vayan al encuentro de cualquier ejemplar de este gran escritor inglés.

De la nueva camada de escritores argentinos, nacidos entre las décadas del ‘70 y ’80, ¿quiénes te interesan más o con quiénes te sentís más identificado?
Hay muchos escritores de mi generación que son algo más que buenos narradores; por lo general me interesan aquellos que tienen un modo particular de ver el mundo y entienden la originalidad como lo que verdaderamente es, y no otra cosa,  vale decir como ser fiel al origen. Por lo general son escritores que hacen fluir la literatura, vienen de ella y van hacia ella: tienen algo que decir, como diría Faulkner. En esta perspectiva, te podría nombrar a Hernán Ronsino y Fernanda García Curten, Ignacio Molina, Félix Bruzzone y Eric Schierloh.

A los 30 y pico y después de haber escrito Cuando te vi caer, ¿qué significa para vos hoy la guerra de Malvinas?
Cuando te vi caer es una novela que aborda la problemática  existencial de un excombatiente de Malvinas  durante la década del noventa. En esos años la presencia social del excombatiente estaba absolutamente postergada. Me estoy refiriendo a los conscriptos, que son lo únicos que me interesan, soldados que en dos meses y medio pasaron de ser adolescentes a convertirse en veteranos de guerra. Mi idea sobre Malvinas sigue siendo la misma que intenté reflejar en la novela. Sobre todo cuando pienso en los suicidios, que supera el número de los caídos en combate.

Una vez que terminás un libro, digamos Fiel, ¿lográs cerrar el ciclo y que las historias y personajes se independicen? ¿o te quedan dando vueltas situaciones, diálogos, personajes durante un tiempo, quizás hasta tu próximo libro?
Ahora que estoy trabajando en una nueva novela te puedo decir que sí, ya no pienso en el último libro con la misma intensidad.  Pero fijate cómo son las cosas, en esta novela retomo a Lautaro Nogán, el personaje de Cuando te vi caer, así que me encuentro dialogando con ciertos momentos y personajes. Por otra parte,  en cuanto a lo de cerrar el ciclo como vos decís,  no puedo terminar un libro y comenzar otro  rápidamente si se trata de un proyecto a largo plazo. No te voy a decir que me pongo a llorar si se me muere un personaje como le sucedía a Balzac, no tengo esa relación con la literatura; pero como dice Castillo a veces al convivir tanto tiempo con uno de ellos se vuelven tan reales o más que la gente que vive a tu alrededor. Si voy a trabajar sobre relatos o cuentos, mi relación con el tiempo es muy distinta. Algo que ni siquiera me planteo para escribir poesía porque irrumpe en cualquier momento sin darme tiempo a nada.
***
CUANDO TE VI CAER
Sebastián Basualdo
Ed. Bajo la Luna. 176 páginas

martes, 1 de febrero de 2011

Una vez más, como en su primer libro (Cuando te vi caer, bajo la luna, 2008), Sebastián Basualdo se interna en un universo familiar disfuncional y complejo: conversaciones, situaciones y breves escenas, secuencias destacadas de una historia personal, se intuyen en estos relatos los ecos de una única saga. Como rastreando entre las astillas de un espejo quebrado por un golpe, los personajes intentan armar ese rompecabezas con la ilusión de encontrar al final una imagen comprensible de sí mismos.




sábado, 27 de noviembre de 2010

Entrevista a Sebastián Basualdo

CUANDO TE VI CAER
De regreso a la guerra de Malvinas
El conflicto bélico empieza a ser explorado por jóvenes escritores que no lo vivieron, en este caso a través de un relato sobre la vulnerabilidad social y las sucesivas crisis existenciales que padece un ex combatiente tras la derrota nacional.
 Por Silvina Friera
La generación post Malvinas está empezando a explorar las consecuencias de una guerra tan compleja como porosa en la historia reciente del país. Sebastián Basualdo, que tenía 4 años en 1982, dice que lo que primero supo se lo contaron sus padres a fines de los ’80. “El concepto de guerra que tenía era lo que había leído en La Odisea para chicos. En los ’90, que yo sepa, de eso no se hablaba en las escuelas”, señala el autor de Cuando te vi caer (Bajo la luna), primera novela en la que tensiona las cuerdas del desamparo, la vulnerabilidad social y las sucesivas derrotas existenciales que padece un ex combatiente una vez finalizado el conflicto bélico. Narrada desde la visión retrospectiva de un adulto que repasa su adolescencia en la década del ’90 en el barrio de Villa del Parque, Lautaro piensa que “todo lo que no se nombra sencillamente no existe”. A los 15 años descubre que su madre engañaba al hombre que él más admiraba, Francisco, su padre postizo, que afrontó la obligación de criarlo después de regresar de Malvinas. Ese adolescente pierde la ingenuidad en el momento en que ve a su madre subiéndose al auto de otro hombre. Pero lo más doloroso en esta historia, cincelada con una exquisita prosa poética, es el desmoronamiento de la mascarada heroica que su madre había edificado en torno de la figura de Francisco.
“Generacionalmente me pasó, como al personaje, que también tomé conciencia de todo lo que había pasado después –admite Basualdo, profesor de Castellano, Literatura y Latín–. Era muy chico cuando terminó la guerra, pero me parece que como generación quedamos marcados. Lo que me sorprendió muchísimo mientras escribía la novela es no haberme encontrado con nadie que confesara abiertamente haber estado de acuerdo con la guerra, cuando se llenaron dos plazas: una a favor y otra en contra.” El escritor subraya que quería abordar de “manera lateral” la cuestión de Malvinas a partir de la relación entre un padre y un hijo. “En la novela aparecen algunos componentes autobiográficos como el barrio Villa del Parque, donde me crié, y esta cuestión del decir y no decir, de la construcción de la realidad a través del lenguaje, qué realidad se construye cuando no se dice nada, cuando hay silencio –explica el escritor–. Otras motivaciones fueron apareciendo a medida que avanzaba, como el hecho de que Francisco haya estado en el portaaviones 25 de Mayo. Hay una especie de discusión eterna sobre lo que sucedió con los que estaban en ese portaaviones, si participaron o no. Los colimbas que fueron a Malvinas tenían 18 o 19 años y no estaban preparados para una guerra, y quienes supuestamente estaban preparados actuaron de manera cobarde, como Astiz, que no tiró un solo tiro.”
Basualdo plantea que la mirada que se tiene hoy del ex combatiente no es la que se tenía en la década del ’90. “Antes eran vistos como los loquitos sin que se pudiera comprender la indiferencia que ellos sufrieron. No hay que olvidarse de que los suicidios superaron las bajas en combate. Los ex combatientes fueron también víctimas de la dictadura militar.” Lautaro, el adolescente de la novela, ignora por completo lo que sucedió durante la dictadura. “El personaje empieza a entender después, tiene que enfrentar el tema y hacer algo con eso. El quería parecerse tanto a Francisco que por un tiempo estuvo en la Escuela de Marina, en Bahía Blanca, y nadie en el barrio ni en la familia le dijo lo que había sucedido en ese lugar durante la dictadura; omisión que Lautaro de adulto se reprocha, pero también les reprocha a los otros”, aclara el escritor, que se formó en el taller de Abelardo Castillo. “El me enseñó a leer la literatura y a tener una relación ética con la escritura, un respeto superior por la palabra escrita. Y a corregir incansablemente.”
–¿Por qué la madre necesita construir ante los ojos del hijo una figura heroica del ex combatiente?
–Sospecho que tiene que ver con la idea de que era muy difícil explicarle a un niño la guerra, entonces apeló a construir una imagen heroica de Francisco como ex combatiente. Pero me gusta más pensar que no habría alcanzado con decir que había estado en Malvinas, sino que se necesitaba también generar una herida de guerra, una medalla y un diploma de honor. Para que el concepto de héroe exista es necesaria la mirada del otro. El héroe en sí mismo no existe si no es a partir de la mirada de un tercero. Lo que cae en esta novela es el mito, lo que estaba alrededor de esa imagen heroica que otros construyeron. Cae todo lo que era necesario para que Francisco se convirtiera en un hombre. Desde su adultez, Lautaro está repensando con qué mitos y con qué construcciones del lenguaje se educó.
–¿Sólo a través de la experiencia el personaje puede desmontar las invenciones familiares?
–La palabra experiencia significa etimológicamente “recuerdo acumulado”; el mero hecho de vivir, de estar en el mundo, no significa nada. Aristóteles dice que no recordamos años sino momentos. Con la construcción del mismo lenguaje se va cambiando la realidad. Esa era una de las cosas que más me interesaba explorar en la novela. El personaje, al pensarse cuando era chico, cuando era adolescente, descubre que había un montón de palabras que no entendía, como “postizo” o “ínfula”, que le parecía como un pájaro exótico; palabras que al ignorarlas por completo no las podía pensar. Cuanto más lenguaje tenés, más capacidad de pensamiento adquirís. En el fondo, todo lo que sucede en la novela es una construcción del lenguaje. Me interesaba más posicionarme desde esta perspectiva porque así también podía reflexionar sobre el después de la guerra y de una generación que se crió ignorando absolutamente todo, sin posibilidad de tener inmediatamente contextos adecuados para narrar. En la novela digo que las malas palabras no existen. Las palabras se utilizan adecuadamente o no en un determinado contexto, y a veces ni siquiera somos libres de utilizar el lenguaje porque el mismo contexto determina la posibilidad o no del uso. Si uno está en una cancha de fútbol no va a decir: “Eh, referí, ha cobrado una falta que va en detrimento de nuestro equipo” (risas).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Entrevista de Marcelo López para la revista No-retornable


¿Por qué elegiste Malvinas como uno de los ejes de tu primera novela? ¿te parece que hay cuestiones sin resolver, cuentas pendientes, respecto a los excombatientes y el lugar que tuvieron luego, al regresar del combate? 

Sebastián Basualdo: Cuando comencé a escribir la novela tenía muy claro que no quería abordar la problemática de los excombatientes de manera frontal, sino como vos decís: a partir de un eje que girara en torno a la mirada de un adolescente a principios de la década de los noventa, inmerso en una familia cuyo padrastro había combatido en la guerra. Todo lo que este adolescente sabe sobre Malvinas es producto de lo que escuchó, aquello que le contaron. Para bien o para mal, no importa. El caso es que de repente tiene a ese hombre enfrente, quizá ya devastado por aquella experiencia. En todo caso, mi intención fue abordar la problemática social de los excombatientes una vez finalizado el conflicto bélico, y para eso necesité imaginar una familia insertada en una sociedad que, casi podríamos decir, les temía a quienes combatieron en Malvinas. Ahora, sobre lo que me preguntás después, pienso que la situación de los excombatientes hoy no es la misma que la que tuvieron que padecer durante el resto de los años ochenta y los noventa. Pensemos que a la gran mayoría de ellos les costó muchísimo insertarse en una sociedad que, posteriormente a la guerra, los sumió en el silencio con aval de un Estado que tampoco los resguardaba lo suficiente. Todo lo que quedó sin resolver, las cuentas pendientes, está y estará siempre presente en la terrible cantidad de suicidios que hubo después de la guerra. 


¿Qué cosas te llamaron –o te llaman- la atención de esa guerra?

Sebastián Basualdo: Yo pertenezco a esa generación que fue tomando conciencia tardíamente de lo que significó la guerra de Malvinas. Tuve que documentarme para recrear el personaje del excombatiente y la reacción que tuvo la sociedad en su mayoría. Una de las cosas que me llamó la atención fue que, cuando comencé a documentarme y a conversar con gente cercana, no pude encontrar a nadie que admitiera haber estado de acuerdo con el desembarco en las islas. Pienso ahora en ese histórico treinta de marzo, que con sólo tres días de diferencia, convocaba también a una considerable cantidad de personas. Una actitud esquizofrénica. Cuando veo los documentales de la Plaza de Mayo del dos de abril, a la gente vivando frente a Galtieri, me resulta del todo inverosímil.

La noción de héroe en torno a los soldados de la guerra de Malvinas es bastante compleja teniendo en cuenta que, en definitiva, fue una guerra que se perdió, ¿qué pensás al respecto? Lo pregunto, sobre todo, por el personaje de Francisco y la mirada que el protagonista de la novela tiene hacia él.

Sebastián Basualdo: La noción de héroe necesita de la mirada de un tercero para manifestarse, sólo entonces cobra una dimensión social y por lo tanto ideológica. Si es cierto que la sociedad necesita héroes, habría que ver desde qué lugar se construyen, como así también desde el que se derrumban; la construcción y la destrucción es parte de la ambivalencia de la que hablábamos antes, y parece ser muy típico de nuestro ser nacional. En cuanto a la novela, me parece que Lautaro ve en Francisco a un héroe no por haber participado en la guerra de Malvinas sino por el modo en que se lo contaron. Es la madre de Lautaro quien utiliza por primera vez esa palabra. Hay una intención deliberada de construir una imagen; y es lo que finalmente cae: queda el hombre despojado de sus mitos.

Entrevista de Silvina Friera para Página 12

LITERATURA › SEBASTIAN BASUALDO Y SU  NOVELA, CUANDO TE VI CAER
De regreso a la guerra de MalvinasEl conflicto bélico empieza a ser explorado por jóvenes escritores que no lo vivieron, en este caso a través de un relato sobre la vulnerabilidad social y las sucesivas crisis existenciales que padece un ex combatiente tras la derrota nacional.


 Por Silvina Friera

La generación post Malvinas está empezando a explorar las consecuencias de una guerra tan compleja como porosa en la historia reciente del país. Sebastián Basualdo, que tenía 4 años en 1982, dice que lo que primero supo se lo contaron sus padres a fines de los ’80. “El concepto de guerra que tenía era lo que había leído en La Odisea para chicos. En los ’90, que yo sepa, de eso no se hablaba en las escuelas”, señala el autor de Cuando te vi caer (Bajo la luna), primera novela en la que tensiona las cuerdas del desamparo, la vulnerabilidad social y las sucesivas derrotas existenciales que padece un ex combatiente una vez finalizado el conflicto bélico. Narrada desde la visión retrospectiva de un adulto que repasa su adolescencia en la década del ’90 en el barrio de Villa del Parque, Lautaro piensa que “todo lo que no se nombra sencillamente no existe”. A los 15 años descubre que su madre engañaba al hombre que él más admiraba, Francisco, su padre postizo, que afrontó la obligación de criarlo después de regresar de Malvinas. Ese adolescente pierde la ingenuidad en el momento en que ve a su madre subiéndose al auto de otro hombre. Pero lo más doloroso en esta historia, cincelada con una exquisita prosa poética, es el desmoronamiento de la mascarada heroica que su madre había edificado en torno de la figura de Francisco.

“Generacionalmente me pasó, como al personaje, que también tomé conciencia de todo lo que había pasado después –admite Basualdo, profesor de Castellano, Literatura y Latín–. Era muy chico cuando terminó la guerra, pero me parece que como generación quedamos marcados. Lo que me sorprendió muchísimo mientras escribía la novela es no haberme encontrado con nadie que confesara abiertamente haber estado de acuerdo con la guerra, cuando se llenaron dos plazas: una a favor y otra en contra.” El escritor subraya que quería abordar de “manera lateral” la cuestión de Malvinas a partir de la relación entre un padre y un hijo. “En la novela aparecen algunos componentes autobiográficos como el barrio Villa del Parque, donde me crié, y esta cuestión del decir y no decir, de la construcción de la realidad a través del lenguaje, qué realidad se construye cuando no se dice nada, cuando hay silencio –explica el escritor–. Otras motivaciones fueron apareciendo a medida que avanzaba, como el hecho de que Francisco haya estado en el portaaviones 25 de Mayo. Hay una especie de discusión eterna sobre lo que sucedió con los que estaban en ese portaaviones, si participaron o no. Los colimbas que fueron a Malvinas tenían 18 o 19 años y no estaban preparados para una guerra, y quienes supuestamente estaban preparados actuaron de manera cobarde, como Astiz, que no tiró un solo tiro.”

Basualdo plantea que la mirada que se tiene hoy del ex combatiente no es la que se tenía en la década del ’90. “Antes eran vistos como los loquitos sin que se pudiera comprender la indiferencia que ellos sufrieron. No hay que olvidarse de que los suicidios superaron las bajas en combate. Los ex combatientes fueron también víctimas de la dictadura militar.” Lautaro, el adolescente de la novela, ignora por completo lo que sucedió durante la dictadura. “El personaje empieza a entender después, tiene que enfrentar el tema y hacer algo con eso. El quería parecerse tanto a Francisco que por un tiempo estuvo en la Escuela de Marina, en Bahía Blanca, y nadie en el barrio ni en la familia le dijo lo que había sucedido en ese lugar durante la dictadura; omisión que Lautaro de adulto se reprocha, pero también les reprocha a los otros”, aclara el escritor, que se formó en el taller de Abelardo Castillo. “El me enseñó a leer la literatura y a tener una relación ética con la escritura, un respeto superior por la palabra escrita. Y a corregir incansablemente.”

–¿Por qué la madre necesita construir ante los ojos del hijo una figura heroica del ex combatiente?

–Sospecho que tiene que ver con la idea de que era muy difícil explicarle a un niño la guerra, entonces apeló a construir una imagen heroica de Francisco como ex combatiente. Pero me gusta más pensar que no habría alcanzado con decir que había estado en Malvinas, sino que se necesitaba también generar una herida de guerra, una medalla y un diploma de honor. Para que el concepto de héroe exista es necesaria la mirada del otro. El héroe en sí mismo no existe si no es a partir de la mirada de un tercero. Lo que cae en esta novela es el mito, lo que estaba alrededor de esa imagen heroica que otros construyeron. Cae todo lo que era necesario para que Francisco se convirtiera en un hombre. Desde su adultez, Lautaro está repensando con qué mitos y con qué construcciones del lenguaje se educó.

–¿Sólo a través de la experiencia el personaje puede desmontar las invenciones familiares?

–La palabra experiencia significa etimológicamente “recuerdo acumulado”; el mero hecho de vivir, de estar en el mundo, no significa nada. Aristóteles dice que no recordamos años sino momentos. Con la construcción del mismo lenguaje se va cambiando la realidad. Esa era una de las cosas que más me interesaba explorar en la novela. El personaje, al pensarse cuando era chico, cuando era adolescente, descubre que había un montón de palabras que no entendía, como “postizo” o “ínfula”, que le parecía como un pájaro exótico; palabras que al ignorarlas por completo no las podía pensar. Cuanto más lenguaje tenés, más capacidad de pensamiento adquirís. En el fondo, todo lo que sucede en la novela es una construcción del lenguaje. Me interesaba más posicionarme desde esta perspectiva porque así también podía reflexionar sobre el después de la guerra y de una generación que se crió ignorando absolutamente todo, sin posibilidad de tener inmediatamente contextos adecuados para narrar. En la novela digo que las malas palabras no existen. Las palabras se utilizan adecuadamente o no en un determinado contexto, y a veces ni siquiera somos libres de utilizar el lenguaje porque el mismo contexto determina la posibilidad o no del uso. Si uno está en una cancha de fútbol no va a decir: “Eh, referí, ha cobrado una falta que va en detrimento de nuestro equipo” (risas).